Acabo de leer esta frase, y me ha hecho pensar. Somos muy dados a decir bonitas palabras. A leer la Palabra con mayúscula y gracias a la fe, y a meditarla para ponernos en manos del Mismísimo Dios en aquello que meditamos, escuchamos, reflexionamos y oramos.
Pero la contemplación nos lleva a sentir a Dios en los desplazamientos tanto físicos como orantes y debe de ser el mismo ,que el que acontece en cada momento, en toda persona o suceso.
Y sin embargo al desplazarnos física y espiritualmente en tiempo, lugar y circunstancia parece es un Dios cambiante.
Cuando hablamos de que Dios es Amor, es que nunca cambia.
El Amor no cambia; hay muchas maneras de vivirlo, en familia, a los pies de la cama de un enfermo, entregándose a los demás, tratando de construir la propia familia, la educación que sostenga nuestro vivir, en el trabajo, en el claustro , o en fraternidad, estudiando u orando.



