22 de diciembre de 2014

Pinceladas. Con la Hna. Carmen Pérez

Mi principal pregunta tiene que se ser si lo que vivo lo vivo sintiéndome querida, redimida, ante la mirada amorosa de un Dios que me ama hasta el punto de hacerse de mi propia carne y sangre o si vivo sin Él. El milagro central: Encarnación, Dios se hizo hombre...¿y sus consecuencias?
 
El domingo 30 de noviembre, primer domingo de Adviento, llena su liturgia de “la esperanza fiable” que necesitamos, se inició el Año de la Vida Consagrada convocado por el Papa Francisco y que durará hasta el 2 de febrero de 2016. En el mensaje del Papa Francisco está claro lo que se nos pide: que contagiemos nuestra alegría y que seamos valientes, al mismo tiempo, nos alienta a que con la fuerza del Espíritu Santo vayamos por los caminos del mundo y mostremos la potencia innovadora del Evangelio, que puesta en práctica puede también hoy dar respuesta a todos los interrogantes del hombre. Es la gran realidad de la vida: el Evangelio da en todo tiempo y lugar, en toda circunstancia y situación, respuesta a nuestros interrogantes, a los de todo ser humano.
        
Toda vida testimonia algo, y ¿qué otra puede ser la vida de los consagrados al servicio de Dios que el testimonio de una acción de gracias por el don de haber sido amados, elegidos, bendecidos? ¿Y no supone abrazar el futuro con esperanza siempre, confiados en el Señor de la vida? ¿Y no exige vivir el presente con pasión, evangelizando la propia vocación, y testimoniando al mundo la belleza del seguimiento de Cristo en las múltiples formas en las que se expresa la vida consagrada?
 

Sí, estos son los objetivos de este año dedicado a la vida consagrada, que coincide con el 50 aniversario de la publicación del Decreto Perfectae Caritatis del Concilio Vaticano II, y con el V centenario del nacimiento de una mujer excepcional, consagrada al Señor, Sta. Teresa de Jesús: Dar gracias a Dios por el don de la vida consagrada y especialmente por los cincuenta años de renovación de la misma según las enseñanzas del Concilio. Abrazar el futuro con esperanza, confiados en el Señor, al cual los consagrados ofrecen toda su vida. Vivir el presente con pasión, evangelizando la propia vocación y testimoniando al mundo la belleza del seguimiento de Cristo en las múltiples formas en las cuales se expresa la vida consagrada.
        
Todos comprendemos y tenemos claro el significado de la palabra testimonio. Y todos aceptaríamos que es la aseveración de algo. Unas veces damos testimonios conscientes y otras inconcientes. Nuestros gestos, nuestras actitudes, acciones, son continuos testimonios. Benedicto XVI escogió desde el comienzo de su pontificado lo que ahora está viviendo intensamente: el camino de la humildad y de la sencillez, con toda probabilidad para mostrar que la coherencia cristiana es la coherencia del amor.
 
Muchos, muchos sentimos que los Papas con los que hemos vivido S. Juan XXIII, S. Juan Pablo II, Benedicto XVI, el Papa Francisco, son testigos del amor. El amor no es cualquier cosa. Entre las condiciones para la autenticidad del amor cristiano destacan dos: la competencia para servir efectivamente a los demás en el lugar y en el trabajo que a cada uno corresponde y la independencia de ideologías, visiones partidistas y estrategias interesadas. El amor es gratuito; no se practica para obtener otros objetivos. Los cristianos dan testimonio del amor con su actuación, con el ejemplo de su conducta, con la palabra e incluso con su oportuno silencio en algunas ocasiones, ya que el silencio puede ser un lenguaje para testimoniar y transmitir fe. Por eso el año que estamos celebrando de la Vida consagrada es un año para comunicar la alegría del Evangelio, la alegría de que a pesar todo lo que está ocurriendo, podemos ir por la vida sabiéndonos hijos, y mostrándonos unos a otros la fuerza que hay decir de todo corazón: Padre nuestro, venga a nosotros tu reino. Benedicto XVI nos decía: El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es oportuno callar sobre Él, dejando que hable sólo el amor; y cuándo es el tiempo de entregar hasta la vida. Sabe, el cristiano, y ¡cómo hemos de vivirlo los consagrados¡ que Dios es amor y que se hace presente justo en los momentos en los que no se hace más que amar.
        
A la vida consagrada, a todo testimonio hay que aplicarle la palabra de Jesús: buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura. Piensa, vive, sé y, después, intenta expresar escrupulosamente lo que piensas, lo que vives y lo que eres, dice Henri de Lubac en un libro genial que se llama “Paradojas, seguido de nuevas paradojas". Pensar, vivir, ser y, después intentar expresar escrupulosamente lo que vivimos y somos como consagrados. Hoy nos decimos a nosotros mismos: piensa, vive, y muere como te pide la fe, como te dice tu corazón por saberte amado y redimido por Cristo, llamado a la plenitud de una vida eterna. Así de de nítido, y de profundo. Nada es más contrario a la idea del testimonio que la idea de divulgación. Nada hay más diferente del apostolado que la propaganda.
 
El Evangelio no se divulga, el cristianismo no es ninguna ideología, la vida consagrada no ejerce atracción por la propaganda. “Cuando veo venir a mi mejor amigo, no me pregunto: ¿cómo le haré propaganda?” dice Peguy. Cuando vemos venir a nuestro mejor amigo no sentimos necesidad de hacer propaganda, sencillamente nos alegramos, nos confortamos y sentimos la fuerza de esa amistad. La profundidad de nuestras acciones, de nuestra fe es directamente proporcional al compromiso de nuestra vida. No damos testimonio de lo que no participamos. El testimonio se da a través de la vida. Si nuestra fe y nuestra esperanza dejan de ser vivas no tienen ningún poder de atracción. ¿Y qué es un amor que no es paciente, servicial, generoso, que no goza con la verdad, que todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta? Dice un pensador francés Bergsón, que los santos sólo tienen que existir. 
 
Su existencia es una continua llamada. Eso hay que decir de la vida consagrada: La Vida es la que atrae, como la Verdad, la Alegría, el Amor. El concilio Vaticano II nos enseñó que el seguir a Cristo en la caridad perfecta por la práctica de los consejos evangelios tiene su origen en el ejemplo de Jesucristo. Por designio de Dios siempre ha florecido una admirable variedad de familias religiosas, de formas de vida consagrada, que no sólo han contribuido a la edificación del Cuerpo de Cristo, sino a que hermoseada en los diversos dones de sus hijos se presente como esposa que se engalana para su Esposo, y por ella se ponga de manifiesto la multiforme sabiduría de Dios. Ningun testimonio es superior al de los demás. Se nos pedirá cuenta del nuestro, del que debo dar para ser fiel. El que ninguna otra persona podrá dar por mí. Hay un testimonio de vida, de fe, que sólo cada uno puede dar. El mío, nadie puede darlo por mí. Esa es mi vida, mi realidad y sentido de la vida. Hoy, ahora mismo es tiempo de acción de gracias en la Iglesia de Cristo por la vida consagrada.

1 comentario:

  1. "AVE MARIA PURÍSIMA"
    Reverendas Hermanas.
    Os agradecemos vuestro apostolado por medio de pinceladas.
    Sois unas afortunadas en tener el don del Espíritu Santo de la predicación.
    Vuestros comentarios y ejemplos santos me ayudan y alientan a seguir buscando lo bueno lo santo lo sobre natural en el diario vivir...
    muchísimas gracias por su trabajo; que Nuestro Buen Dios Les guarde siempre esta alegría de compartir y de darlo a conocer. Sea siempre Bendito y Alabado ... ..., un fortísimo abrazo desde España. nos en comandamos mutuamente al amor de Nuestro Buen PADRE, DIOS.
    Santa María nos proteja siempre...

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